NEGOCIAREMOS CON LOS PALESTINOS PARA LOGRAR UN ACUERDO DEFINITIVO


Netanyahu insiste en su investidura en que «un Irán nuclear es un peligro para la Humanidad»
SAL EMERGUI.
EL MUNDO


Desde hace 10 años, cuando abandonó por la puerta de atrás la jefatura del Gobierno de Israel, Benjamín Netanyahu soñaba con el día de ayer. Culminado su arduo regreso al poder, las incógnitas siguen tan abiertas como las dudas en la comunidad internacional y las críticas internas por haber formado el Gobierno más amplio y más caro en la historia del país.
En su investidura como primer ministro, Netanyahu recibió ayer el voto de 69 de los 120 miembros del Parlamento. No sorprende teniendo en cuenta que uno de cada cuatro diputados es ministro. Incluso se ha tenido que ampliar la mesa del Ejecutivo en la Cámara para poder sentar a los 30 ministros y 9 viceministros.

Tras jurar el cargo a las 23.20h, Netanyahu recibió la primera llamada de un dirigente extranjero. Al otro lado del teléfono, el presidente de EEUU, Barack Obama que le felicitó.

En su discurso de investidura, Netanyahu afirmó que «la expansión del islam extremista amenaza a Israel y a los países árabes».No se olvidó de Irán: «El mayor peligro para la humanidad y para Israel radica en la posibilidad de que el régimen extremista tenga armas nucleares».
Además, denunció que «las llamadas del presidente iraní a la eliminación de Israel son recibidas en el mundo sin condenas contundentes o hechos prácticos».

Una vez conseguido el poder con sudor, lágrimas y muchos ministerios a sus socios de coalición, Netanyahu buscó rebajar los temores que provoca su perfil de halcón lanzando su paloma de paz a la Autoridad Nacional Palestina: «Si ustedes quieren realmente la paz, se puede conseguir. Mi Gobierno la buscará a nivel económico, político y de seguridad. Apoyaremos a los organismos palestinos que luchen contra el terror y negociaremos un acuerdo definitivo».

Sin citar la fórmula de dos Estados para dos pueblos, añadió que «Israel no quiere controlar al pueblo palestino, que debe gobernarse a sí mismo».
La habitualmente tranquila Tzipi Livni se despidió ayer de su traje de ministra de Exteriores para vestirse el más combativo de líder de la oposición. «Es un Gobierno inflado, lleno de ministros para asuntos de nada y cargos ridículos», exclamó antes de recordar las críticas de Netanyahu cuando era líder de la oposición contra el Gobierno de Olmert. «¿Dónde está el hombre que condenaba los gastos excesivos?».

Netanyahu se ha inventado ministerios para que los dirigentes del Likud no le hagan la vida imposible. Como el de Asuntos Secretos para Dan Meridor. «Es tan secreto que aún no le han dicho de qué asuntos se trata», bromeaba en los pasillos del Parlamento un diputado.

En su despedida parlamentaria, Olmert pidió a Netanyahu que apoye la solución de dos Estados para dos pueblos. Una exigencia reiterada ayer por su nuevo socio, el presidente palestino, Abu Mazen. Pero la alargada mesa del nuevo Gobierno espera mensajes más duros del extranjero. La Unión Europea y el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, han exigido a Netanyahu que congele la construcción en las colonias.

El analista palestino Jalil Shikaki, reveló a este diario que «dos tercios de los palestinos creen que con Netanyahu la situación empeorará, y el resto opina que seguirá igual, es decir, con la ocupación israelí». Apunta que «a raíz del fracaso de Annapolis, el 55% de los palestinos apoya la violencia contra Israel y su única esperanza para la paz es Obama».

Netanyahu confesó esta madrugada que «siente más responsabilidad que alegría». Seguido con lupa por la prensa local, suele contar un chiste para denunciar el trato de los medios: «Si voy al Lago de Tiberiades y camino sobre el agua, los periodistas dirían que no sé nadar».

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