LOS MOVIMIENTOS DE SIRIA

EX PRIMER MINISTRO OMAR KARAME
La estrategia de Siria en Líbano
Walid Phares


Desde el advenimiento de la dictadura de Hafez al-Assad en Damasco en 1971, el papel de Siria en la región, y particularmente en Líbano, ha sido descripta en dos formas diametralmente opuestas. La diferencia entre estas dos formas es tan amplia que una de ellas debe ser errónea.

La escuela del compromiso insiste en el inevitable rol de Assad como pacificador en la región. Para muchos diplomáticos, expertos y elaboradores de política occidentales – incluso, paradójicamente, en Israel y los Estados Unidos – el régimen alawita es percibido como una fuerza estabilizadora que puede absorber a los radicales y evitar una guerra regional.

Sin embargo, es casi imposible refutar montañas de evidencias del involucramiento de los baathistas sirios en la violencia, tanto contra sus propios ciudadanos como contra libaneses, palestinos, árabes y occidentales. Han sido 3 años de opresión interna en Siria, 29 años de ocupación del Líbano, 25 años de sostenimiento de las actividades terroristas de Hezbollah y décadas de involucramiento en asesinatos políticos en Líbano y fuera de él.

Un análisis histórico a conciencia lleva a los observadores a la conclusión que el régimen baathista de Damasco basa su supervivencia no en una posible reforma sino en su no negociable control de Líbano.

Control sirio de Líbano


De Hafez a su hijo Bashar, la elite dirigente, en Siria, ha usado estratagemas que abarcan desde penetración, invasión, ocupación, terror, divide y conquistarás, manipulaciones regionales hasta desviaciones diplomáticas, todas ellas para asegurar que Líbano permanezca bajo el ala de Damasco. Siria no le concederá libertad a su pequeño vecino, porque esa libertad tiene el potencial de devastar al régimen unipartidista de Siria. Manteniendo a Líbano bajo control, aún cuando compartido con el iraní sostenido Hezbollah, el régimen de Assad asegura su propia supervivencia.

Esto explica la capacidad de maniobra siria con Occidente incluyendo a Estados Unidos, a lo largo de los años. Hafez al-Assad, cuando fue visitado por miríadas de Secretarios de Estado, siempre prometió paz con Israel – una meta estratégica estadounidense – a cambio de una comprensión de sus “intereses” en Líbano. El sagaz dictador nunca concretó la paz pero siempre ganó poder sobre su más débil vecino.

Pero después de la muerte de Hafez en el 2000 y un dramático cambio en las circunstancias internacionales y regionales, el régimen de Bashar experimentó significativos reveses – una amalgama de sus propias incorrectas decisiones y una inesperada oposición en Líbano. La Resolución 1559 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas en 2004 despojó a Siria de su base legal para la ocupación de Líbano y el asesinato del ex Primer Ministro libanés Rafiq Hariri en el 2005 hizo añicos su legitimidad como protector de la paz. El surgimiento de la Revolución de los Cedros, después de estos dos eventos, aceleró las presiones internacionales que llevaron a la retirada de Líbano. La era siria en Líbano parecía haber llegado a su fin, mientras una era de explicable dictadura doméstica, aparentemente estaba por comenzar.

Otro conjunto de circunstancias, sin embargo, revirtió la suerte de los pueblos libanés y sirio, que se estaban acercando a cambios significativos. Es así que el destino de este aliado khomeinista está en una difícil encrucijada hoy en día. O reafirma su dominio autoritario en el Este mediterráneo o vacila hacia el colapso del régimen.

El Tribunal Internacional Hariri parece ser capaz de hacer o quebrar el futuro de Siria. El régimen en Damasco conoce la gran apuesta que involucra, y ha tramado letales estrategias para la supervivencia del régimen y la renovada dominación de Líbano. El régimen de Assad parece estar reasegurando su poder en Líbano por medio de la violencia, posiblemente ayudado por un cambio en la dirección estratégica en Washington. Estas estrategias son el resultado de muchas décadas de paciente planificación por el régimen de Assad.

Para comprender las complejas encrucijadas, se deben observar las ambiciones históricas de Siria en Líbano, los logros de Hafez al-Assad en este aspecto, la extensión del poder sirio en la política siria, la influencia de Irán, y otros factores. Sólo entonces pueden colocarse en contexto las estrategias del régimen sirio.

Políticas prebélicas.

Las ambiciones de la dinastía Assad en Líbano son sólo una contemporánea y extrema expresión de una mucho más vieja pretensión nacionalista sirio-árabe sobre el país de los cedros. En realidad, Siria estuvo desestabilizando activamente a Líbano mucho antes de la Guerra Civil Libanesa.

Los panarabistas sirios rechazaron la formación del moderno estado de Líbano en 1920 y, subsecuentemente, la independencia de la República Siria en 1943. De hecho, el gobierno sirio hasta rechazó abrir una embajada en Beirut.

En 1958, cuando Siria era parte de la República Árabe Unida (RAU) con Egipto, el líder egipcio Gamal Abd al-Nasser patrocinó una insurrección armada contra el gobierno pro-occidental de Camilla Chamoun, impulsando una guerra civil que duró un año. Una década más tarde, a finales de los sesenta, el régimen baathista de Damasco ayudó a fuerzas palestinas a infiltrarse en Líbano, llevando al pequeño estado dentro del más amplio conflicto árabe-israelí.

Finalmente, con el golpe de estado que trajo a Hafez al-Assad al poder en 1971, comenzó una más letal era de intervención Siria.

Intervención siria, 1976-1990

A Hafez le llevó 15 años de actividad bélica y asesinatos políticos, asegurar su ocupación de Líbano. Siria lanzó su primera invasión en medio del la segunda guerra civil libanesa, que estalló en abril de 1975. El éxito de Siria puede atribuirse parcialmente a las milicias, sostenidas por ella, que habían estado desafiando al ejército libanés desde 1969.

Cuando el país se dividió en enclaves de diversas facciones, Assad alentó las luchas, asistiendo a una parte contra la otra, hasta que tropas sirias ingresaron en el valle de la Bekaa y el norte de Líbano en junio de 1976. Más tarde ese año, esas fuerzas invasoras fueron legalizadas como “fuerzas preventivas” dentro del ejército expedicionario árabe de mantenimiento de la paz.

Los militares y la inteligencia Baathista pronto penetraron en la mayor parte del país. Los sirios encontraron tenaz resistencia en 1978 en el enclave de Beirut oriental, mayormente habitado por cristianos. Las regiones con mayoría sunnita, druza y shiíta, sin embargo, se mantuvieron bajo ocupación siria.

Siria se retiró durante la ofensiva israelí en 1982, pero retornó al centro del país poco después. Para octubre de 1990, aprovechándose del desvío dignificado por la campaña dirigida por USA contra las fuerzas iraquíes de Saddam Hussein en Kuwait, Siria entró en las últimas zonas libres de Líbano.

Ocupación Siria, 1990-2005

Durante los ‘90, Siria e Irán gozaron de la dominación de Líbano, con Damasco controlando al gobierno y Teherán patrocinando a Hezbollah. Bajo la ocupación conjunta, Siria e Irán penetraron y dominaron las instituciones libanesas. En realidad, la presencia del ejército sirio sólo fue uno de los aspectos de la ocupación. Siria también tenía control económico, político y militar.

En mayo de 2000, con la retirada de Israel del sur del Líbano, Siria e Irán estaban en completo control. En junio, con la muerte de Hafez, Bashar heredó a la “provincia” baathista-khomeinista construida por su padre. Bashar se dedicó a mantener esta adquisición, que se había convertido en un activo crucial del régimen sirio. En realidad, la mayoría de los ingresos no oficiales de los que alimentaban a los militares y a Mukhabarat (servicios de inteligencia) de Damasco eran producidos en Líbano. Siria recibía un porcentaje de toda transacción comercial. Siria se injertó en los mercados libaneses, en el tráfico de drogas, y mucho más.
Un Líbano libre no sólo ponía en peligro a la autoritaria Siria, sino que significaría para Siria una pérdida masiva de ingresos.

La Revolución de los Cedros

Desde 1990, una minoría de activistas libaneses ha protestado contra la ocupación Siria, tanto dentro del país como en la diáspora. Sin embargo, la política de USA y Occidente siempre consideró a Siria como estabilizador en Líbano y potencial socio par la paz con Israel. Hay aún más, con cientos de millones de dólares de Irán derramando sobre Hezbollah y llenando las arcas de los funcionarios sirios, se ha creado una red de intereses financieros que incluye a políticos libaneses.

Sin embargo, después de la muerte de Hafez en 2000, surgió un movimiento de oposición – primero los cristianos, después los sunnitas y druzos – para desafiar a Siria en Líbano. Después del 11/9, Occidente era más receptivo de los alzamientos antiterroristas. Grupos basados en la diáspora presionaron a la ONU para que emita una resolución apoyada por Francia y Estados Unidos, UNSCR 1559, llamando a la retirada de Siria y el desarme de Hezbollah. Bashar respondió con una campaña de violencia contra los reformistas libaneses, culminando con el asesinato de Rafik Hariri, un ex aliado convertido en crítico de Siria.

La convergencia de sentimientos antisirios entre cristianos y musulmanes produjo la Revolución de los Cedros. El movimiento creció rápidamente, culminando en una marcha de 1,5 millón de participantes el 14 de marzo del 2005. Bajo creciente presión internacional, Assad retiró sus fuerzas regulares de Líbano.

Esto fue ampliamente considerado como una victoria para la Revolución de los Cedros. Desafortunadamente no fue concluyente. Desde entonces Bashar se ha movido para enfrentar a los Cedros.

Contraataque sirio

En un discurso reconociendo la retirada siria, Bashar insinuó que un “segundo ejército” permanecería y destruiría los logros de la Revolución de los Cedros. Realmente, con la fuerza combinada de Hezbollah, las milicias pro sirias, los jihadistas sunníes locales y los palestinos pro iraníes, Siria desestabilizó al gobierno libanés de Fouad Señora en 2005. Una serie de asesinatos patrocinados por Siria – activistas políticos, periodistas, oficiales del ejército libanés y los legisladores Gibran Tueni, Walid Eido, Antoine Ghanem y Pierre Gemayel – casi mutiló a la Revolución de los Cedros.

El Hezbollah sostenido por Irán, ayudado por la inteligencia Siria, lanzó también una invasión al segmento sunnita de Beirut y otro ataque contra un enclave montañoso druzo. En el subsecuente acuerdo, con la mediación de Qatar, con los reformistas libaneses en mayo de 2008, Damasco aseguró disposiciones mediante las cuales Hezbollah retendría su armamento y que un contingente pro sirio se uniría al gabinete libanés. Es así que, a través de apoderados y aliados, Assad estaba de vuelta en Beirut.

Consecuentemente, Líbano eligió al comandante Michel Suleiman como su nuevo presidente. Suleiman eligió permanecer a mitad de camino entre Hezbollah y la Revolución de los Cedros. Esto fue un retroceso para los Cedros y un impulso para Damasco. Para el régimen de Assad esto es realmente una media victoria. Sus chances de retomar más del Líbano ahora dependen de la resistencia de los libaneses y, quizás, de la nueva dirección de Washington.

Causas fundamentales del retorno de Siria

¿Porqué Siria fue capaz de recuperar terreno en Líbano? Por otra parte ¿Por qué la Revolución de los Cedros perdió terreno a pesar de sus avances?
Primero, la Revolución de los Cedros fue conducida pobremente. Los políticos del movimiento 14 de Marzo– que gozaban de un magnífico impulso derivado de la Resolución 1559 de la ONU – tenían a la comunidad internacional de su lado después de años de letargo Occidental. Tenían el mandato de millones de personas de actuar firme y rápidamente. Sin embargo, perdieron la oportunidad de expandir la “revolución”, de desembarazarse de los actores políticos remanentes, de aislar a Hezbollah y de solicitar a las Naciones Unidas fuerzas multinacionales u otras formas de asistencia. En resumen, fallaron en posicionar a Líbano para confrontar al “segundo ejército”.

Segundo, Washington tuvo una actitud tergiversada en su apoyo a la Revolución de los Cedros. Falló en garantizar un apoyo financiero directo a unas agitadas ONG locales para organizar a la sociedad civil en general, y para ayudar a los disidentes shiítas contra Hezbollah. Mientras la Casa Blanca y principales líderes en el Congreso buscaban aislar a Siria, poderosas voces en Washington (el Departamento de Estado, la Comisión Baker-Hamilton y otros) todavía tenían esperanzas en “volver a comprometer” a Bashar.

Tercero, líderes del Congreso de USA, incluyendo a la Presidenta de la Cámara Nancy Pelosi, enviaron un fuerte mensaje de simpatía a Assad en 2007. Cuando lo visitó en Siria, ella quebró su aislamiento, prácticamente alentando a su enfermo régimen para reconquistar su perdido campo en Líbano.
Como resultado, dos iniciativas internacionales importantes para asegurar la libertad de Líbano quedaron comprometidas. Notablemente, el desplazamiento de una fuerza multinacional a lo largo de la frontera sirio-libanesa, crucial para acabar con el abastecimiento iraní a Hezbollah, no se materializó. Más aún, el tribunal internacional para el asesinato de Hariri ha sido pospuesto por años.
Libre de presiones en aumento, el régimen sirio está volviendo para establecer sus viejas marcas.

El camino por delante

La Revolución de los Cedros ahora debe contrarrestar la resurgencia baathista-khomeinista en Líbano, tomando una serie de medidas.
Primero, la comunidad internacional debería adoptar unánimemente el principio que cualquier elección libanesa que tenga lugar en el país debe llevarse a cabo libre de la influencia de milicias. En realidad, los distritos donde las milicias tienen control no deberían ser validados. De acuerdo con esto, el apoyo de USA e internacional al gobierno libanés debe ser proporcional a la habilidad del gobierno para distanciarse de los grupos terroristas y de las milicias ilegales. Particularmente Hezbollah.

La oposición libanesa al eje sirio-iraní debe también internacionalizar nuevamente su búsqueda llamando al Consejo de Seguridad de la ONU para que extienda su protección al Líbano. Para este fin, las fronteras de Líbano con Siria deben colocarse bajo control internacional.
Washington puede apoyar esta re-internacionalización comunicando a Damasco que cualquier diálogo futuro sólo pude estar basado en el desarme de Hezbollah y cambiando la política siria hacia Líbano.

*Walid Phares es director del Proyecto Terrorismo Futuro en la Fundación para la Defensa de las Democracias y secretario general del Grupo Parlamentario Trasatlántico sobre Contraterrorismo. Es autor de La Confrontación (Pelgrave Macmillan, 2009)

http://www.jewishpolicycenter.org/829/syrias-strategy-in-lebanon
Traducción para
porisrael.org: José Blumenfeld
Reenvia:
http://www.porisrael.org/