SOBRE EL GRAL. FRANCO Y ESPAÑA


EL 10 DE MARZO DE ESTE AÑO PUBLICAMOS EN ESTE SITIO UNA NOTA EN LA QUE SE EXALTABA LA FIGURA DEL GENERALISIMO FRANCISCO FRANCO DE ESPAÑA ESCRITA POR EDUARDO PALOMAR BARO ACORDE A DOCUMENTACION Y TESTIMONIOS PRESENCIALES. AHORA TENEMOS OTRA VERSION QUE SE DETALLA A CONTINUACION EN LA QUE SE DESMITIFICA LA FIGURA DE FRANCO Y DESTACA SU ACENDRADO ODIO HACIA LOS JUDIOS. QUEDA PARA LA HISTORIA E HISTORIADORES SABER LA VERDAD PARA UBICARLO EN EL JUSTO LUGAR DE LA HISTORIA DEL PUEBLO JUDIO.

El Mito de la Ayuda de Franco a los Judíos

La memoria histórica puede ser tergiversada y peor aun banalizada. Así ocurre con lo hecho por Franco en la Segunda Guerra Mundial con respecto a los judíos. No pueden ser ocultado ni negadas las actitudes antisemitas de quien en el Discurso de la Victoria, en el mensaje de fin de año 1939 dijo lo siguiente:
“... refiriéndose a las medidas antijudías que se tomaban en diversos países europeos: ‘Ahora comprenderéis los motivos que han llevado a las distintas naciones a combatir y alejar de sus actividades aquellas razas en que la codicia es el estigma que las caracteriza, pues su predominio en la sociedad es causa de perturbación y peligro… Nosotros, que por la Gracia de Dios y la clara visión de los Reyes Católicos, hace siglos que nos liberamos de tan pesada carga, no podemos permanecer indiferentes ante la nueva floración de espíritus codiciosos y egoístas.”
Todo lo que hayan hecho Muguiro, Sanz Briz y Perlasca en Hungría fue por una cuestión de solidaridad humanitaria con las víctimas perseguidas, valentía y decisión personal.
"El debate sobre lo que España hizo y lo que pudo haber hecho para atenuar el sufrimiento judío las persecuciones hitlerianas y las aterradoras dimensiones del Holocausto serán siempre objeto de debate, con frecuencia interesado.

En 1973, con la documentación proporcionada por el Ministerio de Asuntos Exteriores, Federico Ysart escribió España y los judíos en la Segunda Guerra Mundial que fue premio de la Editorial Dopesa. El autor concluía que los judíos salvados en España, adonde llegaron por diversos medios, fueron 48.000 y 8.000 más debieron su salvación a las actuaciones de los diplomáticos españoles en Budapest, Bucarest, Atenas etc.
Investigaciones más recientes dudan que la primera cifra ascendiera verdaderamente a 48.000 y la rebajan a 33.000/38.000. Esto fue así porque España exigió una enorme cantidad de requisitos para la entrada de judíos en nuestro país, fundamentalmente visados que debían llegar de Estados Unidos y Gran Bretaña que se mostraron premiosos en su gestión, tal como han demostrado Antonio Marquina Barrios y Gloria Inés Ospina (España y los judíos en el siglo XX). Mientras una expedición de judíos permanecía aquí esperando esa documentación no se permitía la entrada de un nuevo grupo. ¿ Por qué tanta meticulosidad burocrática ante tan vital urgencia? Se han esgrimido, con razón, las presiones nazis y las enormes carencias materiales españolas. Pero eso, probablemente, no fue lo fundamental. Más importante parece la voluntad política de “No traerlos a España para instalarse en nuestro país, porque eso no nos conviene de ninguna manera, ni el Caudillo lo autoriza, ni los podemos dejar en su situación actual aparentando ignorar su condición de ciudadanos españoles”, le escribía en marzo de 1943 el ministro de Asuntos Exteriores, Francisco Gómez Jordana, a su colega del Ejército, Carlos Asensio Cabanillas, a propósito de la petición de unos cuatro mil sefarditas – a los cuáles les correspondía la nacionalidad española por el Decreto de 1924 – que se hallaban en territorios dominados por el III Reich – la mitad en Francia – para que se les permitiera entrar en España. Haim Avni, historiador israelí y uno de los más acreditados investigadores de las modernas relaciones hispano- judías (España Contemporánea y el pueblo judío) investigó el asunto, hallando que sólo unos ochocientos de estos sefarditas pudieron salvarse aquí.
¿Por qué no todos? Porque se les exigía acreditar, según telegrama del ministro de Asuntos Exteriores a la embajada española en París:”con documentación completa satisfactoria nacionalidad suya (no carácter protegido) y de cada uno de los familiares que le acompañan, demostrando cumplimiento requisito de inscripción en el Registro Nacional y Registro de matrimonio cuando le acompañe esposa y el nacimiento de hijos si estos le acompañan . . .advierto a los solicitantes de visado que las autoridades españolas se encargarán de fijar la ciudad de su residencia, que no abandonarán sin autorización previa .. .”( Firmado, Jordana, 18 de marzo de 1943)
No menos ilustrativa es la carta de Gómez –Jordana al general Luis Orgaz, alto comisario de España en Marruecos, de 30 de diciembre de 1943.”. . .Estos sefarditas, con nacionalidad española indudable y documentación completa que lo acredita, pidieron venir a España, encontrándose algunos de ellos en campos de concentración de Alemania. El problema tiene gravedad por cuanto no conviene en absoluto a nuestro país que aprovechando las circunstancias de la guerra actual, se nos llene España de judíos y, por otra parte, tampoco podemos negarles la protección a que tienen derecho por su nacionalidad; y aunque quisiéramos hacerlo, sería siempre una torpeza política por la repercusión que tendrían en el extranjero campañas que suscitarían contra nosotros, acusaciones a que daría lugar suponiéndonos una política antisemita copiada de la de Alemania. . .” (José Antonio Lisbona, Retorno a Sefarad)

“La política española con respecto a los judíos durante la Segunda Guerra Mundial puede definirse en términos generales como de obstruccionista y discriminatoria, incluso para los judíos nacionalizados españoles. Esta definición se demarca claramente de los planteamientos apologéticos, propagandísticos y deliberadamente falseados que se han venido manteniendo desde el final de aquel conflicto. Esta caracterización es fruto de un minucioso repaso de la documentación disponible en los principales archivos europeos y norteamericanos y también de los incompletos archivos españoles. Sobre esta cuestión, hicimos ya un amplio estudio que se publicó en 1987.
En primer término, hay que señalar que independientemente de los cientos de miles de judíos sefarditas existentes en Europa antes de la guerra, había entre cuatro y cinco hebreos que se habían acogido al real decreto de diciembre de 1924 y que, en consecuencia, tenían la nacionalidad española y estaban inscritos en su mayoría en los consulados españoles. Este hecho marca la diferencia, a la hora de comparar la política española con la del Reino Unido, claramente obstruccionista. Otro punto a recalcar es el apoyo o simpatía de la inmensa mayoría de las comunidades judías de diversos países y de España hacia el bando republicano durante la Guerra Civil y, en concreto, hacia los partidos izquierdistas y el comunista. Ello, junto a la consideración de que de nuevo el decreto de expulsión de los Reyes Católicos había vuelto a cobrar virtualidad, en función también de la supresión legislativa y la supresión de la libertad de cultos, hizo que los judíos nacionalizados españoles no pudiesen venir a España, incluso a pesar de disponer de medios de transporte y, en ocasiones contando con la presión de los propios alemanes, o el hecho de que se encargase al Joint Distribution Committee que costease su estancia y salida de España.
En pleno apogeo del holocausto judío, ningún grupo de judíos sefarditas podía entrar a España hasta que no hubiera salido el grupo que había entrado con anterioridad. Esta política impidió la salvación de miles de judíos españoles, al no hacerse cargo el Gobierno español de los costes de estancia y transporte al Norte de Africa, junto con la oposición de las organizaciones de socorro a correr los estos gastos que ello generase.Un tercer punto significativo, ligado al anterior, es la creación en España de un archivo policial especial para los judíos, tanto residentes como en tránsito, en función de su especial peligrosidad. A ello se añadieron, durante el año 1943, los intentos de expulsión de judíos que habían estado residiendo en España desde 1933, incluso estando casados con españoles.
... Afortunadamente para España, diplomáticos como Romero Radigales o Joaquín Palencia intentaron defender los derechos de estos súbditos españoles, pero sus iniciativas quedaron lastradas por las directrices del Ministerio de Asuntos Exteriores.
Un caso singular lo constituyó Angel Sanz Briz en 1944, ya tras el desembarco en Normandía y su extraordinaria actividad en Hungría.
Pero esta actividad, como ahora se ha podido conocer por su correspondencia con Castella, se llevó a cabo sin instrucciones de Franco y esto explica que dejara a su suerte a sus 1.898 protegidos ante el avance de las tropas soviéticas en Hungría. Sobre el número de judíos a los que España dio visados de tránsito, no hay datos fiables, al haber desaparecido los legajos sobre pasaportes e ingresos en el período 1940-91.
Si se puede señalar que la actuación del cónsul portugués en Bayona, en mayo-junio de 1940, permitió el tránsito por España hacia Portugal de miles de judíos, aparentemente sin otro visado español.
La documentación de los consulados españoles no permite afirmar que los diplomáticos españoles abrieron la mano en este período en la concesión de visados de tránsito y mucho menos tras la visita de Serrano Suñer a Alemania en septiembre de 1940 y el endurecimiento de los requisitos de entrada.
Con respecto al período posterior a la Operación Torch y la ocupación alemana de la Francia de Vichy, en noviembre de 1942, el número de entradas en España de refugiados judíos sin visado español puede calcularse en unos 5.000. Para entonces, el curso de la guerra y la presión aliada ya permitían su permanencia en España durante meses, financiada por las organizaciones aliadas de socorro.

Antonio Marquina Barrio (autor con G.I.Ospina, de España y los judíos en el siglo XX)
Entrecomillado transcripto textualmente del artículo “un antisemitismo sin judíos” Alfonso Lazo publicado en la revista La Aventura de la HISTORIA,año 1,Número 5, Marzo 1999

EXTRAIDO DE MILIM DIGITAL